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Milagros de Santa Fortunata

Cuentan los que saben más por fiestas que por libros, por misas que por discusiones, los que saben más por sentimientos que por razón, por naturaleza que por espíritu; los que aprendieron más por vivir que por morir, que durante aquellos años en que la vida de los Moqueguanos giraban sólo en torno a su fe en Dios y los santos y las santas, principalmente, de su santa madre “SANTA FORTUNATA”, cuentan sus milagros de la santa madre Moqueguana, aquí presentaremos uno de los tantos milagros realizados por Santa Fortunata al pueblo Moqueguano:

 

“Hace años para la fiesta de santa Fortunata, desde la víspera acostumbraba ver una señora vestida con el habito de la virgen del Carmen y su sombrerito de paja. En una de tantas fiestas, me toco sentarme al lado de ella y me pregunto; si yo era una devota y de donde venia: yo le dije soy Moqueguana y le tengo mucha fe, porque feliz coincidencia el mismo 14 es el cumpleaños de mi papito y de mi abuela materna y Ud. Le pregunte. Yo vengo desde Camana y mientras viva vendré a mí me hizo Santa Fortunata un milagro muy grande: me encontraba en el centro del río y sorda que soy no me percate que el río venia con toda su fuerza y no tenía tiempo para correr, lo único que hice fue arrodillarme cerrar los ojos invocar a la virgen Santa Fortunata y el milagro se produjo el rio se abrió haciendo un islote y ahí estaba yo, sana y salva, hasta que vinieron a rescatarme, entonces yo prometí, mientras viva, venir a su fiesta. Pero hace dos años que la busco entre la concurrencia y no la veo, por eso pienso haya muerto, pero esta confesión me hizo…”

 

El milagro a un niño

Fue en el año de 1982, en ese entonces el niño José Felipe Coayla Zapata sufría de un mal denominado médicamente disrritmia cerebral (falta de flujo de sangre al cerebro) había tenido una serie de tratamientos con muchos doctores quienes ya casi lo habían desahuciado, los síntomas eran la no conciliación del sueño y frecuentes dolores. El sufrimiento de los padres, Sr Felipe Coayla Juárez y su mamá Juana Zapata Castro casi ya habían perdido las esperanzas de la quebrantada salud de su adorado pequeño Felipe. En esta difícil circunstancia ambos pensaron que solo un milagro podía salvarle la vida fue a sí que en su búsqueda de encontrar sanación a su hijo, encontraron en la guantera de su vehículo una estampa de santa Fortunata, como fieles devotos le pidieron para que interceda ante dios implorara por su salud del niño que arrancaba en llantos de dolor fue tanta la devoción y la fe en pedir a la virgen por la salud del pequeño Felipe suplica que fue escuchada en forma divina por santa Fortunata para interceder ante el altísimo logrando el gran milagro de sanar y lograr repentina mejoría de pronto volvió a la normalidad paulatinamente a tal punto que ya a los 4 años, pudo asistir como un niño normal al colegio, luego a secundaria y hoy en pleno año 2000, con 18 años es ya Felipe un joven universitario, que goza de buena salud, es un buen estudiante y deportista. No hay otra explicación dicen sus padres con un profundo respiro, se trata de un milagro que intercedió Sta. Fortunata y cuya gratitud fue demostrada por el joven Felipe con mayor fe y devoción a la santa haciéndose la promesa de integrar la compañía de morenos hoy sociedad religiosa en la que bailo como agradecimiento por espacio de 10 años. Como todo joven que avanza con los adelantos de la civilización moderna Felipe sigue el curso de su vida, en la U santa María de Arequipa, pronto a convertirse en un futuro comunicador social

 

Sanación de enfermedad incurable

(Narrado por su hermana, Olga Eyzaguirre para Juana Blanca Ordoñez)

Lucy Eizaguirre, viuda con dos hijos vivía muy feliz en compañía de su familia, viajaba mucho, unas veces por ver su hijo que se encontraba en Inglaterra, otras por ver la hija que se encontraba en Francia. De pronto se vio atacada por el tétano (enfermedad mortal que nadie se salva) y fue internada en la clínica Americana, donde los médicos hacían, lo imposible por salvarle la vida transfusiones de sangre, consultas a otros médicos del exterior, pero nada, sufrió dos infartos, en el segundo tuvieron que abrirle la garganta y ponerle un tubo, para que pudiera respirar. Su hermana que se encontraba, radicada en esta ciudad de Moquegua, por el trabajo de su esposo, como profesor del ESEP, no cesaba de rogar a Santa Fortunata junto con el Grupo de oración de la capilla de Belem, Santa Fortunata, oyó el clamor doloroso de su intersección y puso su mano divina de Lucy, quien fue recuperándose poco a poco, bajo la admiración de los médicos que la trataban, hasta quedar sana y salva.

A viajado a Inglaterra donde se encontraba su hijo en la actualidad vive en la ciudad de Lima, vivita y coleando; donde no deja de dar gracias cada día a la santa que no desoye las suplicas de sus devotos que depositan su confianza en su intersección…

 

Ayuda a unos viajeros

Una familia, que salió del viaje de Lima hacia Tacna en su automóvil particular; el recorrido se realizaba con normalidad, pero en el trayecto cercano a Montalvo (Km 05 de Moquegua) el vehículo se detuvo, surgió un desperfecto mecánico el conductor trató de corregir la falla para continuar su viaje, todos los esfuerzos fueron vanos, anochecía, las horas transcurrían y no encontraba solución. El propietario del vehículo averiado levantaba el brazo cuando divisaba que algún otro vehículo pasaba. Pero nadie se detenía todos seguían de largo. El miedo y la preocupación se apoderaba de los viajeros eran aproximadamente las 12:00 de la noche cuando súbitamente aparece un auto que era conducido por una señorita muy bella, su rostro reflejaba una sencillez infinita ella, detuvo su auto y les ofreció de inmediato su ayuda, les prestó la herramienta necesaria que requerían. Al ver que la hora era avanzada; la señorita rubia de rostro angelical les dijo: Debo retornar a Moquegua Uds. Usen la herramienta, mañana me la devuelven.

Los viajeros agradecidos solicitaron su dirección, la señorita les dijo: calle Ayacucho Nro. X…y se despidió. Los viajeros con esta valiosa ayuda solucionaron el percance que horas antes se había tornado en difícil. Ingresaron a Moquegua y pernoctaron. Al día siguiente, el viaje tenía que continuar eran las 6 de la mañana el día 14 de Octubre y un estruendo de cohetes los despertó. Era el saludo de la Troya que se realizaba en la plaza de armas con motivo de Día de la fiesta de Santa Fortunata. Los visitantes ocasionales, presurosos se dirigieron en busca de la dirección para devolver la herramienta a la señorita que la noche anterior los había salvado. Recorrieron la calle Ayacucho el numero indicado no existía al no ubicar a la señorita, se detuvieron frente a la iglesia, al ver sus puertas abiertas ingresaron a dar gracias a Dios. Y grande fue su sorpresa para esta familia, al acercarse al altar mayor vieron a la señorita que buscaban que yacía en la urna de cristal.

Esa señorita era “Santa Fortunata”, quien los salvo una ellos se desmayo de la emoción, recuperando agradecieron el milagro, desde esa fecha grande es su fe y devoción por santa Fortunata. Una vez más la fe se acrecienta, queda demostrado que todo corazón afligido pide a Santa Fortunata y ella siempre responde con su auxilio espiritual.

 

Milagro a un trujillano

“…En 1972 llegamos a Moquegua, en busca de trabajo estable, somos de la ciudad de Trujillo (la libertad), logre trabajar en Cuajone, por compañías constructoras, vecinos amigos nos contaron de la existencia de una santa en la iglesia de santo domingo, cuyo nombre es Fortunata, se le conoce por ser milagrosa, ha realizado muchos favores a sus devotos. Fue así que nos convertimos una familia más devota de ella, todos los 14 de Octubre acompañamos su procesión. Por el año de 1976 comencé a sentir fuertes dolores en la rodilla izquierda, que poco a poco impedía el caminar normalmente. Llego un momento en que el médico del hospital Cuajone, al realizar el chequeo con placas radiográficas, encontró que padecía de Bursitis Cálcica crónica. Se tenía que realizar una operación, pero quedaría inmovilizada la rodilla. O seguir tomando calmantes para el dolor al caminar. Ante esta situación dejaría de trabajar, quedando mi familia sin ayuda económica, situación muy penosa. Acudimos entonces a santa Fortunata, patrona de Moquegua como última esperanza a mi situación. Fue así, que el segundo domingo de Noviembre de 1976, postrado bajo la urna que guarda los restos mortales de Santa, suplique con gran fe, sanar a mi dolencia para poder asistir a mi familia. Termine este acto y con ayuda de mi esposa, me puse de pie, nos dirigimos hacia la puerta lateral de la iglesia, fue allí en el preciso momento de trasponer la puerta sentí un fuerte calor con sudor acucioso que cubrió mi cuerpo, vi que todo lo que me rodea tenía un tono rosado, que no es posible reproducirlo materialmente. Al acercarme a la grada de la puerta, inconscientemente previne que dolería la rodilla. Fue entonces que llamo la atención sobre manera, al no sentir dolor alguno en la rodilla izquierda, el médico tratante, indico que no veía huella alguna de afección que hubiera existido. Hoy, gracias al milagro de santa Fortunata, a través del todopoderoso logre la estabilidad de mi hogar…”

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Fuente: INC - Perú | Imagenes: Dirección Regional de Archivo

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