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Santa Fortunata de Moquegua

El sentir colectivo Moqueguano como parte de su cultura, siendo una de las principales festividades religiosas de Moquegua es su “Santa Fortunata” a quien el pueblo Moqueguano rinde culto y pleitesía ,toda la población en general para su desenvolvimiento se desarrollan diferentes actividades como el armado de alfombras florales por todas las calles y avenidas principales en donde la virgen ara su paso dejando la fe y esperanza en cada una de sus devotos y feligreses que son participes de la procesión , los sahumerios dejan la fragancia impregnada de tan puro sentir sacro. Santa Fortunata, mártir del catolicismo, muestra del coraje, valentía y ternura de madre.

 

¿Quién es Santa Fortunata?

Nacida Fortunata en Cesárea, Palestina es probable que su nacimiento acaeciera en la penúltima década del siglo III del Cristianismo entre los años 281 a 287 de nuestra era. Victimas los cristianos de continuas persecuciones para obligarlos a adjurar de su fe en Cristo en una de las últimas que ha sido llamada “la era de los Mártires, le tocó también a Fortunata, después de crueles suplicios, ser degollada el 14 de Octubre entre los años 298 a 302 por el Emperador Diocleciano, cuando solo contaba con 17 años de edad. Recogido el cadáver de Fortunata por los cristianos, en Roma, fue sepultado en las catacumbas, o cementerio de Calepodio de donde 15 siglos más tarde fueron exhumados sus restos, junto a un vaso de cristal que contenía la sangre de la mártir, en enero de 1793,por orden del Papa Pío VI.

 

¿Cómo llego a Moquegua Santa Fortunata?

Partió de Cádiz en octubre de 1796, traída por los Misioneros del Colegio de Propaganda Fide de Moquegua. A dos años de su partida del pueblo español de Cádiz, ya con la compañía de 23 misioneros recorriendo África, siguió la ruta de Río de Janeiro, Buenos Aires, Córdova, Tucumán, Potosí, La Paz, Arica, Ilo y luego las sagradas reliquias del Cuerpo Auténtico de Santa Fortunata traídas por Fray Tadeo Ocampo, hicieron su entrada a Moquegua el 08 de Octubre de 1798 por “El Portillo”, donde se levantó un arco de flores, alfombrándose la calle principal para el paso de Santa Fortunata, que conducida en hombros por las matronas de Moquegua fue seguida en medio de lluvia de flores. Una mística leyenda que la tradición transmite hace conocer la predilección que la santa tuvo por esta ciudad. Refiérese que cuando Fray Tadeo Ocampo, en su viaje trayendo el cuerpo de Santa Fortunata recibía amables y piadosas solicitaciones para dejarlo en diferentes pueblos que recorrió, el cuerpo de la santa poníase tan pesada que era imposible que fuerza alguna la movilizara para desembarcarlo, no ocurriendo lo mismo cuando los mismo cuando su destino fue Moquegua (según lo refiere el historiador Luis E. Kuon en su obra Retazos de la historia de Moquegua).

El 8 de octubre del presente año, se revivió este acontecer que Dios regala a Moquegua, pueblo de acendrado catolicismo. Una de las realizaciones expectantes en 1998 sin duda ha marcado los “200 AÑOS DE LA LLEGADA DE SANTA FORTUNATA A MOQUEGUA” ya que al conjuro de la santa, se conjugan todas las inquietudes espirituales a fin de mantener encendidos el fuego del amor hacia ella, el pueblo lleno de fervor religioso, de amor a su SANTA DORMIDA, en su urna le tributo homenaje en suave paseo procesional que recurrió las calles inundadas de gente, congrego no solo a moqueguanos, sino a muchos fieles que llegaron de diferentes ciudades del Sur (Arequipa, Puno, Tacna, Arica, ). La fiesta tuvo el sabor de los grandes acontecimientos, las calles estrechas soportaron gentíos que con rezos y cantos la condujeron en andas ornadas de flores, para el paso del anda, pero por vez primera esta alfombra tuvo una extensión aproximada de 1,000 mts. Que cubrió todas las calles del recorrido, asimismo con mucho respeto incienso y amor al son de la banda avanzó la procesión, custodiada por el bosque de banderas que portaban las alumnas del Colegio Santa Fortunata.

Se resaltó algunos matices tradicionales, como el repique de campanas, las calles decoradas con arcos de flores y en la plaza de Armas, el municipio le tributo su homenaje declarándola PATRONA ESPIRITUAL DE MOQUEGUA, luego se realizó la misa de fiesta con el elocuente mensaje que diera el padre Matías. El acto conmemorativo al que asistimos tuvo especial importancia tanto para Moquegua como para la iglesia católica. Es extraordinaria la devoción que existe en Moquegua por Santa Fortunata, a la que se le atribuye muchos milagros y según la tradición ha prevenido los grandes acontecimientos que ha ocurrido en esta ciudad. Pasan las generaciones, crece la ciudad, han transcurrido los años y los siglos, pero SANTA FORTUNATA, no tiene tiempo, es actual y sobre su altar colocamos nuestras súplicas, deseos, y agradecimientos.

Santa Fortunata, que permanece en cuerpo presente hace 200 años en esta tierra del sur del Perú, no es obra de escultor, ni pintor alguno, es obra de Dios.

 

El cuerpo de Santa Fortunata

Algunas personas creen que lo que se tiene en Moquegua de Santa Fortunata es su imagen, Como seria por ejemplo la de la Santa Teresita del Niño de Jesús. No hay tal. Son sus mismos venerables restos. Es decir su propio esqueleto, completo, tal como quedó después de su glorioso martirio. El rostro está cubierto de una especie de mascarilla de cera de abeja, o que parece finísimo yeso, más o menos de un milímetro de espesor. Esta masilla cubre la piel de la cara y de los pies. Lo demás del cuerpo no es más que el esqueleto, cubierto con preciosas vestiduras. Es de admirar que toda la osamenta está fresca y dura a pesar de haber transcurrido, desde su martirio, más de 1.600 años. En la mano derecha tiene una redoma, un depósito de plata, que contiene su sangre solidificada. Los cabellos que cubren su cabeza, son sus verdaderos cabellos. Rubios y largos, que llegan hasta los hombros. Los mismos las pestañas son rubias en sus pies tiene sandalias de plata. Según testimonios reales que fueron recogidos por nuestros antepasados y según algunos historiadores y cronistas moqueguanos que han escrito sobre la vida de Santa Fortunata, refieren que en los primeros cien años de permanencia de la Santa en Moquegua, era tanta la devoción que cada cierto tiempo un grupo de señoras devotas y encargadas de cuidar la urna, atuendos, mantos y ofrendas de oro y plata , se daban tiempo para cortarle las uñas y el pelo que le crecían, además de arreglarle su rostro, bañado con cera especial evitando así el deterioro del tiempo. Como se sabe Santa Fortunata es la única virgen, único caso en le mundo cuyo cuerpo presente ubicado en una urna se le venere con gran fe y devoción y es sacada en procesión cada 14 en una rica urna de indiscretos vidrios que encierra el cadáver de una mujer hermosa de cabellos áureos y serena frente, perfecto el perfil y breve la boca que, dibujando la apacible sonrisa de las almas tranquilas, deja ver dos hileras de dientes diminutos y blancos. Las ondulaciones de la vestidura de seda recamada de oro y plata, donde fulgen las ofrendas innúmeras, le hará pensar en la belleza de unos de senos virginales y erectos y en lo vetusto de unas formas castas. Verá también tras de los vidrios indiscretos, las manos liliales, cuajadas de sortijas, que beatíficamente se Cruzan el busto, los pies calzados por bíblicas sandalias y una redoma de oro donde guarda el tesoro de su sangre. Hermosa Como mujer; respetable Como santa; admirable Como heroína de su causa y envidiable Como amada que es de gentes devotas y sencillas. Así Fortunata la romana, en cuyo rededor la fantasía del vulgo tejió bellísima leyenda, toda poesía, todo misticismo, volver a ser niño piadoso e inocente para poderla creer. Se sabe que Fortunata fue romana y de noble estirpe, que tuvo tres hermanos: Carponio Prisciano y Evaristo y que los cuatro fueron degollados por orden del emperador Diocleciano. Esta es toda la historia que allá se conoce. Lo demás es leyenda, encantadora leyenda, y está en Moquegua porque ese fue su deseo.

 

La urna de Santa Fortunata

En 1796 don Jaime Severine, custodio de las santas Reliquias y Canónigo de la iglesia de San Marcos en Roma, donó a Fr. Tadeo Ocampo un sólido sarcófago “de color pórfido y ribetes dorados, bien cerrada y atada con un cordel de seda colorada y sellada con nuestro sello” con los restos de Santa Fortunata, exhumados de las Catacumbas de Roma, en el cementerio de Calepodio en 1793. Después del viaje que duro dos años, llegados los restos a Moquegua en donde permaneció al parecer, más de un siglo.

En 1916 se bendijo y estrenó la urna que encierra las sagradas reliquias y los documentos o autentica más la relación autorizada del itinerario seguido hasta Moquegua. Participaron en dicha bendición los religiosos de la Recoleta de Arequipa PP. Rafael Terraz y Francisco Cabré, que habían ido, según costumbre, a celebrar dicha fiesta. La antigua urna en que vino a Moquegua el cuerpo de Santa Fortunata permanece arrinconada en la postsacristìa de la iglesia parroquial. Hoy se sabe que dicha urna se encuentra en un museo particular en la ciudad de Lima.

Fue en 1954 cuando la Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos “Luz Progreso”, que fundada el 1 de Abril de 1977, la había reconocido como su patrona, el presidente de dicha institución de un comité masculino de veinte personas, la mayoría profesores de primaria, para recaudar los fondos necesarios que permitieran la adquisición de una nueva urna, mas decorosa, que respondiera a la veneración que el pueblo todo de Moquegua, rendía a la santa palestina. Dicho comité con Gaspar Zapata Vélez como presidente, César Vallejo Antillaqui en la secretaria, Luis Kuon Cabello en Tesorería y los 17 miembros restantes con la colaboración del pueblo, mediante erogaciones en Moquegua y de los devotos de Toquepala, realización de bailes, quinas, colocación de escarapelas, limosnas en los templos pequeños aportes de los escolares reunieron en tres años (1954-1957), la suma de 29.090 soles, incluyéndose en ellos, 7.200 soles, producto de dos rifas de una radio “Mende” que había en importado 1.710 soles. Como si fuera un designio milagroso de Santa Fortunata las dos veces que en la plaza de armas y con intervención de un notario se llevo a cabo la rifa de la radio, aunque se dio un plazo de algunos meses para retirar el premio, en ninguna oportunidad se presento a reclamarlo el poseedor del numero ganador, por lo que cumplió el cometido del comité, dicho artefacto y 1.219.20 soles que quedaron como saldo, una vez adquirida la urna, pasaron con fecha 30 de setiembre de 1958, a un Comité Femenino Pro Construcción Altar de Santa Fortunata, que con el aludido fin se había constituido.

La firma Ciurlizza Maurer de Lima fue la encargada de construir una urna de 1.80 x 0.65 x 0.80m. Con madera de cedro de Iquitos, tallado a mano, dorada con pan de oro de 24 quilates, vidrios dobles biselados y como artístico aditamento cuatro cabezas de angelitos en los ángulos superiores. Su costo incluyendo gastos de instalación importo en 34.914.90 soles, de los cuales el comité masculino aporto la mitad (17.457.45) soles, contribuyendo con igual suma el comité femenino presidido por Rosa Luna de Villegas y la Congregación de Santa Fortunata, dirigido por la profesora Ángela Barrios de Espinoza, que Fuera fundada el 10 de Octubre de 1915, por el Párroco Celestino Prado.

Como acto preliminar de la bendición de urna, a las seis de la tarde de 12 de octubre de 1957, en el templo de Santo Domingo de acuerdo a las leyes de canónicas, se realizo por el Dr. Carlos Llena Fernández medico jefe de la unidad sanitaria departamental de Moquegua, y por el Dr. Germán Jiménez Gómez, director y cirujano del hospital “San Juan de Dios”, el reconocimiento somático de los restos de Santa Fortunata, suscribiéndose a continuación por dichos facultativos el acta respectiva, así como también por el obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua, Monseñor Alfonso Zaplana Belliza, los sacerdotes Anselmo Chávez y Efraín Romaña Osnayo, por las autoridades y asistentes al acto, donde fe de ello en instrumento publico que corre en el archivo notarial. A continuación de dicho acto el templo se lleno por completo se efectuó el traslado de los restos de la santa a la nueva urna, misma que fue bendecida en 13 de octubre a las diez de la mañana pasando casi 50 años donde la santa fue trasladada a la actual urna.

 

Las joyas de Santa Fortunata

La arraigada fe del pueblo Moqueguano hacia santa Fortunata, se manifiesta en el fervor para celebrar su fiesta, y en el obsequio de joyas de oro y plata, perlas y piedras preciosas y de milagros de plata, en agradecimiento de favores recibidos. Por el gran valor que tenían lamentablemente, en muchas épocas desaparecieron.

Siendo padre guardián del colegio de propaganda FIDE, fray Santiago Masip (1808-1811), se cuido mucho que las reliquias estuvieron con toda decencia y adornadas; las familias moqueguanas respondieron con sus donaciones generosas, según la concepción religiosa de esa época. Al retirarse los franciscanos de este colegio, la custodia del cuerpo y sus ornamentos pasó a manos del colegio nacional “La Libertad”.

Al ordenar el obispado de Arequipa el traslado de Santa Fortunata a la iglesia Matriz, para su custodia por todos los fieles, el rector del colegio entrego el cuerpo a la parroquia y las alhajas las puso en manos del concejo departamental. Todavía el 27 de Febrero 1880, el canciller del obispado imponía al párroco Vicente Salt la obligación de recuperar cuanto antes las alhajas de Santa Fortunata. No se ha encontrado documento que mencione cual fue el arreglo final. En el informe sobre lo saqueado por los chilenos los días 8, 10, 13, 14 de Octubre de 1880, se menciona la entrega de plata sellada, labrada y joyas de particulares, y de la valiosa custodia de la iglesia de Santo Domingo; no hay referencia especifica si las alhajas de Santa Fortunata fueron usadas también para el rescate de la población o fueron escondidas y consideradas intocables, o el concejo departamental dispuso de ellas para obras. Lo comprobado es que según es que según una foto de la urna tomada en las primeras décadas a principios de Este siglo, se muestra la imagen adornada profusamente de ornamentos que la cubrían casi totalmente. El valor total, por el número y calidad de las ahajas existentes, era elevada. El valor de tal magnitud guardado en una urna de cristal y madera, por excesiva confianza de unos y la desidia o indiferencia de otros (en 1918 el capitán de Navío Germán Stiglish indica “los templos están descuidados”), dio oportunidad para un primer robo a la urna en 1926, según nuestra fuente. La población la población fue despertada por el toque a rebato de las campanas de Santo Domingo anunciando la infausta nueva de que urna había sido violentada y extraídos todos los ornamentos y joyas existentes. Santa Fortunata quedo sin ninguno de sus adornos metálicos de valor.

Investigaciones demostraron que los ladrones ingresaron por el vecino local de “La Recoba” y permanecieron toda la noche en el templo, para actuar con tranquilidad en la selección de las alhajas de valor. escogieron las perlas una por una, mordiéndolas o golpeándolas, ya que las verdaderas no se rompen mientras que las falsas si, restos de estas se encontró esparcidas en el suelo cerca de la urna que se encontraba ubicada en el altar de San Francisco, al lado derecho del templo. ¿Cuánto se llevaron y cuál fue su valor? No se sabe, porque no había un inventario valorizado. Hoy, aun no existe este documento. Fue acusado de esto el platero Mazuelos y Medardo Zúñiga, pero no se les puso demostrar nada, pese al convencimiento de ese tiempo que ellos eran los autores. Tiempo después, Mazuelos perdió la mano derecha pescando con dinamita, mientras que Zúñiga asesinó a sus hijos, suicidándose después en la cárcel. La opinión popular, tremendamente impactada por la magnitud del robo, explico estos hechos posteriores como un castigo. Solo se salvó un anillo de brillantes, esto fue explicado diciendo que “la santa volteo la mano para que no se lo vieran”.

Otra versión es que si fue Mazuelos porque dejo olvidado el soplete que no conocían que era de su propiedad. Otro robo se produjo en Abril de 1982 en que se sustrajo un disco de plata con el escudo peruano, donado por el presidente de la República Don Manuel Prado en 1941, durante su visita a Moquegua, además de un número indefinido de alhajas, no conocido por la falta un inventario.

En esta oportunidad, la presidenta de la congregación de Santa Fortunata, Srta. Sara Tumba Valdivia, acomodando el desorden dejado, encontró casualmente bajo el manto una diadema escondida, la que hoy adorna a la santa. Se menciona que en 1987 se encontró a la imagen con toda la cabellera revuelta, como si nuevamente se hubiese extraído objetos de la urna. También se ha encontrado el vidrio que queda a los pies de la Santa, rayado Como si hubieran querido robar.

 

Una Santa arraigada en Moquegua

En Moquegua, como en toda la ciudad provinciana, las fiestas místicas adquieren gran valor emocional. Sea porque el ambiente es propicio, triste siempre, pleno de una tristeza serena y dulce, silenciosa y diáfana; sea porque la fe y la esperanza están muy arraigadas en el alma de esas gentes candorosas y sinceras que poseen la virtud generosa de poner en sus fiestas el inolvidable tesoro que hace felices sus vidas: sea por lo que fuere, lo cierto es que allá, como en toda ciudad provinciana, las ceremonias religiosas son más sugerentes, más sugestivas, más… bellas que en cualquiera de las grandes ciudades.

A su vez las fiestas místicas, son las que alteran el cotidiano vivir de las provincias, dándoles animación y alegría, pero animación calificable de mesura en grado sumo y alegría indudablemente triste. Esto no es una paradoja, porque allá Como en toda ciudad provinciana, siempre hay una tristeza dulce y serena, silenciosa y diáfana y también, porque mi alegría ni animación distinta pueden dar tales fiestas.

Entre todas las fiestas místicas que tienen lugar en Moquegua, quizá ninguna más interesante que la de Santa Fortunata y esto no porque sea celebrada con mayor pompa que las otras, sino porque ella tiene un encanto que las otras, sino porque ella tiene un encanto que las otras no tienen, una particularidad que es ajena a las demás fiestas, que la eleva, que le da mayor valor emotivo, más realidad, mas poesía. La Santa Fortunata, que hay en Moquegua no es una efigie de anónimo autor; tampoco es obra de artífice famoso. Santa Fortunata es obra de Dios.

Allá, en su iglesia Santo Domingo esta de cuerpo presente; no como Rosa de Lima, convertida en cenizas, sino tal como fue en vida y visible a los ojos de todos.

Quien Penetra a la Iglesia, a la derecha del Altar mayor hallará una rica urna de indiscretos vidrios que encierra el cadáver de una mujer hermosa de cabellos áureos y serena frente, perfecto el perfil y breve la boca que dibujando la apacible sonrisa de las almas tranquilas, deja ver dos hileras de dientes diminutos y blancos. Las ondulaciones de la vestidura de seda recamada de oro y plata, donde fulgen las ofrendas innúmeras, le hará pensar en la belleza de unos senos virginales y erectos y en lo vestusto de unas formas castas. Vera también tras de los vidrios indiscretos, las mas liliales, cuajadas de sortijas, beatíficamente se Cruzan el busto, los pies calzados por bíblicas sandalias y una redoma de oro diz que guarda el tesoro de su sangre. Hermosa como mujer, respetable como santa; admirable como heroína de su causa y envidiable como amada que es de las gentes devotas y sencilla. Así Fortunata la romana, en cuyo redentor la fantasía del vulgo tejió bellísima leyenda, toda poesía, todo misticismo, toda infantil ignorancia que, en mi produce el quimérico deseo de volver a ser niño piadoso e inocente para poderla creer. Se sabe que Fortunata vino a América traída por doce frailes y está en Moquegua porque ese fue su deseo. Cuentan que yendo de viaje tuvieron estos frailes que pernoctar en no recuerdo que punto. Al día siguiente, pretendieron levantar el cadáver y, se dieron con que pesaba tanto, ni los doce frailes podían levantarlo. Dios inspiro a uno de ellos que nombrara todas las ciudades de América para que Fortunata manifestara donde quería ser llevada. Y fue en nombrado Moquegua que pudieron echarse a cuestas tan preciosas carga, con la al fin llegaron. Pasó el tiempo y de los doce frailes quedo uno solo: Fray Miguel. La vida Fray Miguel es un trágico poema, un delicioso poema de amor y dolor. Fray Miguel pasaba los días de puerta en puerta, pidiendo limosna para el culto de Santa Fortunata; Fray Miguel pasaba las noches extasiado de amor ante la santa….y fray Miguel, allí fue hallado muerto una mañana. Cuando la coalición, cuentan, se apareció a los Pierolistas varias veces y hasta proporciono municiones a quienes no podían continuar la batalla. Cuando los chilenos ocuparon Moquegua, Santa Fortunata, compasiva, sudaba.

Son innumerables los milagros que se le atribuyen y que día a día hacen más tupida la malla de leyenda en que está envuelta.

En nuestros días no existe por desgracia, un fray Miguel que tenga por vida un trágico poema; en nuestros días no hay por desgracia, combates en la que la santa proteja a sus devotos; ni suda después de una derrota, ni le crecen las uñas y el cabello. Pero, a pesar de todo en nuestros días se le rinde homenaje, se le hace una fiesta que es quizá la más interesante de todas las que allí se realizan y que, como todas, alegra al cotidiano vivir de esa ciudad en que siempre hay una tristeza serena y dulce, silenciosa y diáfana.

 

En la guerra del pacifico

Por el terremoto del 13 de 1868, se venera Santa Fortunata en la Iglesia Parroquial de Santo Domingo, hoy Co- catedral de Moquegua, ante uno de los hermosos retablos de cedro que se encuentran en los costados del crucero, en el altar de San Francisco en cuya parte inferior se halla la urna, cubierta con lienzo de terciopelo rojo que alguna mano piadosa descorre ante los fieles o el visitante que brindarle quiera con limosna la ofrenda de su veneración. El día 14 de Octubre se realizaba la misa de fiesta diaconada, no había procesión y la santa era nuevamente cubierta terminado el oficio, que se realizaba en su mismo altar del retablo, no se movía la urna. En 1879 la guerra del pacifico afectaba las actividades de Moquegua. El esfuerzo económico se dirigía a formar columnas de voluntarios para la defensa. En 1880, el 14 de Octubre encontró a la población refugiada en el templo de santo domingo, mientras que los chilenos saqueaban la población para cubrir el cupo impuesto a la Ciudad.

“Cumplió las 24 horas del plazo fijado, a las tres de la tarde del día 8 de Octubre, Salvo y las fuerzas chilenas ocuparon la ciudad ”…”un grupo de matronas moqueguanas no olvidando que por sus venas corre sangre de próceres y valientes, encabezadas por Dominga de la llosa de Durand, María Noel de Tizón, Manuela Sozano de Barrios, Agueda Vizcarra de Angulo, Jesús Fajardo de Zapata y Clara Fajardo, entre otras, vestidas de riguroso luto, después de postrarse ante Santa Fortunata, con altivez se dirigían en cortejo a la plaza de Armas, ante el jefe invasor comandante Juan de la Cruz Salvo, para pedirle prórroga del plazo por no haber podido reunir, pese a sus esfuerzos, el monto de la cantidad impuesta, al mismo tiempo que exigen garantía para las mujeres y protección para los ancianos y niños. Ante la negativa del araucano…Sigue un silencio embarazoso y luego María Noel de Tizón, le dice al jefe chileno: las moqueguanas sabremos defender la santidad de nuestros hogares y el honor de nuestras hijas. La misma señora ante la insensibilidad del chileno, les dice a sus compañeras: “vamos señoras, parece que a este hombre no lo hubiera parido una mujer”. Duras palabras que aniquilaron la arrogancia del frio agresor, la que arranca del jefe chileno, el consentimiento para prorrogar en 24 horas el pago del cupo que fuera anteriormente rebajado, de cien mil a sesenta mil pesos. Como no cubría el monto exigido, el 10 de Octubre se tuvo que entregar la valiosísima custodia de oro y piedras preciosas a través del Cura Coadjutor Vicente Salt.

Lágrimas, dolor, destrucción y humaredas de los incendios en las haciendas del valle. La ciudad no fue incendiada pero su saqueo fue minucioso y su industria vitivinícola fue destruida, perdiéndose el sostén económico de Moquegua. Cuentan que santa Fortunata, compasiva, sudaba. El 14 de Octubre de 1883 encuentra en Moquegua nuevamente ocupada por dos batallones chilenos con 7,400 hombres y con su cuartel general en el Alto de la Villa.

Por las circunstancias actuales, sólo se mandó decir una misa diaconada, con músicos y las tres salvas respectivas. Esta se realizó a las 8 de la mañana. El templo se lleno de fieles unidos por la fe en Santa Fortunata y las salvas de la misa fueron un estruendo de protesta de la indefensa Ciudad al invasor Chileno.

 

Reconocimientos y distinciones a Santa Fortunata

• Por RESOLUCIÓN MUNICIPAL Nº 072-90-MUNIMOQ del 14 de Octubre de 1990, se declara a “SANTA FORTUNATA” como “PATRONA ESPIRITUAL DE LA CIUDAD DE MOQUEGUA.”

• Por bicentenario de residencia le entregaron LAS LLAVES DE LA CIUDAD por parte de la MUNICIPALIDAD DE MOQUEGUA y resolución de reconocimiento en el año de 1998.

• Resolución Directoral Nacional N° 574/INC

 

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Fuente: INC - Perú | Imagenes: Dirección Regional de Archivo

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